Hecha mi descarga sobre el contexto político institucional en que nos encontramos, quiero pasar a enfocarme un poco más en lo mío: la economía. Este gobierno siempre se ha jactado de defender los intereses de todo el pueblo, en especial de aquellos que menos tienen. Partiendo de esta “manifestación de intención”, me propongo analizar con cierto grado de profundidad si esto es efectivamente cierto. Voy a concentrarme en la pobreza en Argentina.
Lo primero que voy a hacer es ingresar al sitio del INDEC para corroborar qué porcentaje de la población está por debajo de la línea de pobreza e indigencia. Los primeros resultados parecen “promisorios” (léase ridículos): al primer semestre de 2009, sólo un 13.9% de las personas es pobre y apenas un 4% está por debajo de la línea de indigencia. Ahora bien, sacarme el título de economista sería poco castigo si me detengo en estos números.
Afortunadamente, se encuentra disponible la nueva Encuesta Permanente de Hogares (EPH), donde puedo encontrar datos de ingresos y características de hogares e individuos. Con esta información y los valores de las canastas básicas, podría reconstruir números de pobreza e indigencia. Como es de público conocimiento, los valores publicados de las canastas son cuanto menos sospechosos, dado que se nutren de la misma información que se usa para hacer el tristemente célebre IPC. Por lo tanto, voy a usar información de una medición alternativa de precios para reconstruir el valor de las canastas básicas (ver Detalle de la metodología).
El bastante interesante resultado que encuentro es que, en gran contraposición con la estadística oficial, un 31% de la población se encuentra sumergida por debajo de la línea de pobreza, mientras que un 10.5% es indigente. Más allá de lo alarmante que resulta saber que 1 de cada 3 argentinos vive en la pobreza y de ver la discrepancia entre la estadística oficial y números más realistas, vamos a tratar de contextualizar estos valores.
Estos valores de pobreza e indigencia no se registran desde 2005, época en las cuales estas estadísticas se encontraban aún en franco descenso por la recuperación de la crisis. Más aún, al primer semestre de 2007 (dato que también debería estar expuesto a alguna sospecha) la pobreza se encontraba en 23.4% y la indigencia en 8.2%. Esto quiere decir que, durante la gestión de CFK, los niveles de pobreza e indigencia se incrementaron considerablemente. Si hacemos una comparación a nivel países, nuestro vecino Uruguay registró una tasa de pobreza de 21.7% para 2008. Paraguay, 35.6% en 2007. En Estados Unidos un 13,2% de la población se encontró por debajo de la línea de pobreza en 2008. En un país más estereotipo de políticas inclusivas como Holanda, es de 10.5%. Nuestro 31% se asemeja bastante al 31.7% de Bhután y al 32% de Togo. Pero, claro está, siempre podrán salir a alegrarse de que estamos muy por debajo del triste 80% que registran algunos países africanos.
En definitiva, tenemos un gobierno que se declara “progre” y generó más pobreza e indigencia. Nos quieren hacer creer que estamos mejor que en Europa y estamos como los peores de América Latina. No soy el primero ni seré el último en sostener que este gobierno tiene tanto de progresista como Chávez de democrático.
Detalle de la metodología
Primero estimo la relación entre variaciones en los valores de las canastas básicas y en el IPC en épocas confiables (digamos hasta 2006). Estas variaciones no tienen por qué ser similares, ya que las canastas básicas están muy atadas a los alimentos, que suelen fluctuar más que otros ítems (ni hablar en los últimos años!). Luego, usando una medida de precios menos sospechosa (uso la de Buenos Aires City, que la elabora la ex directora de IPC desplazada del INDEC Graciela Bevacqua), puedo estimar un valor actual para las canastas que esté más cerca de la realidad que lo que yo considero que están los valores publicados. Finalmente, con este valor puedo recalcular los porcentajes de pobreza e indigencia.
Para chequear un poco la robustez de este método, voy a seguir la misma lógica para tratar de inferir cual debería haber sido el valor de la canasta básica total en septiembre de 2003, nutriéndome de la inflación registrada por el IPC desde septiembre del 2000 (esto es porque agarré una planilla con los valores de las canastas que arranca en esa fecha, sepan disculpar mi pereza para ir más allá). Uso 3 años vista, que es un poco más que lo que hago en mi ejercicio. A septiembre de 2000, la canasta básica total valía 151.10 pesos y a septiembre de 2003, 224.38 pesos. Usando mi estimación, encuentro que debería imputar una variación de 49.4164% para ese período, lo que me da un estimador de 225.77 pesos para el valor de la canasta básica total en septiembre de 2003. Nada mal.