En el gráfico anterior figura la evolución del gasto público en servicios económicos, en particular, Energía y Combustible, Servicios y Transporte. Se observa una muy fuerte aceleración en los últimos años. Para tener una idea de la magnitud de este crecimiento, estas variables se multiplicaron aproximadamente por diez entre 2003 y 2007 en términos reales (es decir medidas en bienes). ¿Qué hay detrás de este descomunal aumento? La política de subsidios del gobierno.
Ante ausencia de otros shocks, un subsidio ocasiona una baja en el precio de un bien o servicio. Un gobierno que persigue una política de subsidios, entonces, está interesado en mantener bajo el precio de algún conjunto de bienes. Esto podría obedecer, en principio a: un intento de aliviar la pobreza (si se subsidian bienes que consumen los que tienen menos recursos), frenar aumentos en precios clave (un intento de maquillaje de inflación, por ejemplo) o intereses particulares, como ganarse la simpatía de algún sector. Partiendo de este punto, voy a mencionar algunas consideraciones sobre el tema.
Varios comentarios que recibí sugerían que la política de subsidios intentó mantener bajo el valor de la canasta básica, lo cual estaría en línea con el primer fin de los que describí arriba. Ahora bien, tanto Energía y Combustible como Servicios son rubros que representan un porcentaje bastante bajo en la canasta de consumo de los más pobres (cerca de un 15% entre los dos, según datos de la encuesta de gasto de los hogares). En el caso de Transporte esto no es tan cierto, ya que este rubro representa casi un 15% por si solo. ¿En que gastan principalmente los pobres? En alimentos (más de un 40%). Mi primera consideración es que la política de subsidios se concentró principalmente en bienes y servicios que son consumidos en mayor proporción por los individuos con mayores ingresos.
Mi próxima consideración apunta al segundo fin de los que mencioné. Que un subsidio presione a la baja al precio de un bien no implica que pueda mantenerlo bajo por siempre. Un nuevo shock que presione a la suba de ese precio va a volver a generar una presión inflacionaria. Ésta se podría volver a reprimir aumentando nuevamente el subsidio, pero este sendero se vuelve eventualmente insostenible. Pero la cuestión no termina ahí. Lo que se suele hacer es acompañar el subsidio hoy a cambio de una promesa de no aumentar el precio mañana (de última, siempre está el recurso morenístico de “mandar a los muchachos”). Mi segundo comentario es que los niveles de inflación que no bajaron de 15% en los últimos 2 años y que llegaron a niveles de 30% en 2008 son prueba de que la política de subsidios no fue efectiva para contener precios. Antes que me olvide, en el caso de alimentos la inflación llegó a superar el 40%.
Por otro lado, la combinación subsidios más control de precios tiene el inevitable efecto de la desinversión. Ojo, con esto no pretendo librar de toda responsabilidad a los empresarios detrás, que suelen tener un importante porcentaje de la culpa también. De cualquier forma, no hace falta más que ver en qué estado funcionan la mayoría de los bienes y servicios subsidiados. Las demoras y el hacinamiento en el transporte, las colas y el desabastecimiento de combustible y la falta de energía dan cuenta de ello. Mi tercer comentario es que los subsidios tampoco representaron una bendición para las consumidores de los bienes y servicios subsidiados, ya que en definitiva se pagó menos (que sin el subsidio), pero se recibió algo de menor calidad. En resumen, observamos un incremento fenomenal en el gasto destinado a subsidios. Estos subsidios fueron ineficaces para controlar la inflación y desincentivaron la inversión (por ser acompañados por congelamiento de tarifas). Si tenemos en cuenta los rubros donde se asignaron, favorecieron relativamente más a los hogares con más ingresos. Por cierto, el deterioro redistributivo no termina ahí, porque los altos niveles de inflación suelen afectar más a los más pobres, que son los que tienen menos posibilidades de proteger sus ingresos.
¿Qué hay detrás de estos números? ¿Responden a las necesidades que surgieron de grupos con bajos recursos o encuentran justificación en un fin más bien político? A continuación, voy a agregarle a la figura anterior los datos de desocupación y pobreza (estos últimos no conseguí antes de 1988).
